con 3 comentarios

El txakoli, un diamante en bruto del País Vasco.

Hace algunos meses recibí una misteriosa carta en la oficina. Alguien me daba la enhorabuena por mis diseños, se declaraba fan de nuestras chaquetas kaiku y adjuntaba una bonita invitación tallada en madera, con olor a txakoli.

Nos invitaban a visitar las bodegas de Gaintza ¡Qué bien, una excusa para visitar Getaria!

¿Recuerdas nuestra historia con Conservas Olasagasti? Entonces ya sabrás lo que me gusta conocer gente como nosotras y aprender de ellas. Pequeñas empresas que han sabido encontrar un equilibrio entre la tradición y la modernidad, entre lo local y lo internacional. Personas con las que compartimos filosofía y valores.

Además, como dato curioso te diré, que el puerto que aparece al principio, el puerto principal del que se nutren las Conservas Olasagati es el puerto de Guetaria. Ahí queda eso.

Así que en cuanto encontré el momento, saqué uno de mis kaikus del armario y le pedí a Jesús de LACØRTE films para inmortalizar la visita.

Y es que esta población de la costa guipuzcoana concentra muchas cosas que me encantan: mar, historia, tradición, cultura, gastronomía, moda… y todo ello “made in Euskadi”. Sólo, la carretera de acceso desde Donostia ya es un espectáculo en sí misma.

Te podría contar mil cosas de Getaria. Como que su puerto pesquero es el último en activo en Gipuzkoa. O los riquísimos restaurantes de pescado a la parrilla. También que fue el lugar de nacimiento de vascos importantes, como Juan Sebastián Elcano o Cristóbal Balenciaga… Pero hoy toca hablar de txakoli.

Este vino blanco y afrutado tradicional de Euskadi, existe en Gipuzkoa desde por lo menos el siglo XVI. Un siglo más tarde se extendería a Bizkaia y más tarde a Araba. Hoy en día tenemos tres denominaciones de origen en el País Vasco: Getariako txakolina, Bizkaiko Txakolina  y Txakoli de Alava.

Aunque en su momento no era un vino muy valorado. Se hacía de forma artesanal en los baserris (caseríos) para consumo casero o intercambiarlo con los vecinos. Esto hizo que estuviese a punto de desaparecer.

Desde el centro de Getaria, subimos andando hasta las bodegas. A pesar del frío, Joseba nos dio una calurosa bienvenida y el sol decidió acompañarnos en el último momento. Ya estamos todos.

La primera parada fue en el antiguo caserío de Gaintza, a pocos metros de la bodega a la que da nombre. En ese caserío han nacido y vivido 4 generaciones de la familia Lazcano y el mismo Joseba nos contaba sus recuerdos de infancia en el jardín. Llevan haciendo txakoli desde 1923.

También entre las vides, se juntan pasado y presente. Algunos terrenos tienen viñedos antiguos y otros, plantaciones más modernas. Paseando entre ellos y escuchando a Joseba se podía sentir ese respeto a la tierra, esa conexión con el medio ambiente. El clima es quien marca el calendario. La naturaleza manda.

Y tanto que si manda. Pregunté a Joseba porqué el txakoli estaba cada vez más de moda. Nos contó algo inquietante: el aumento de temperatura y horas de sol de los últimos años, está haciendo que la uva sea cada vez más dulce, y con ello, mejor el txakoli. Está claro que también se han mejorado las técnicas, los cultivos,… pero la naturaleza manda.

Después, siguiendo el camino de la uva en la época de recogida, vimos el resto del proceso. Por donde entra la uva, las barricas, la sala dónde se embotella… Esta sala me pareció muy interesante, se podía ver como había ido evolucionando el tipo de embotellado, las etiquetas, el diseño de la marca… durante estos casi 100 años de historia. También descubrí algo que no sabía: hay txakoli rosado.

Joseba aún se guardaba una última sorpresa para el final. A lo largo de la mañana no dejé de asentir, con todas las cosas que teníamos en común: la tradición, el diseño, el respeto a la naturlaeza, la sostenibilidad, el uso de embalajes reciclados,… 

Acabamos con una degustación de txakoli ¡con vistas al mar! y unas anchoítas del cantábrico para acompañar y… voilá! Resulta que la tercera variedad, y la más especial de Gaintza, es también un homenaje a su abuelo, la hacen con sus mejores uva y se llama Aitako (del padre en euskera). Reconozco que no soy ninguna experta en Txakoli, pero sí creo que las cosas, cuando se hacen con esfuerzo, pasión y cariño, es difícil que salgan mal. Y eso es precisamente lo que nos transmitió Joseba.

 

Mila esker gonbidapenagatik Gaintza eta hurrengora arte Getaria!!

Para acabar, te dejo el vídeo que hizo LACØRTE films de nuestra visita. Si tú también te has quedado con ganas de conocerles, ponte en contacto con ellos aquí o pásate por la tienda de la bodega.

* historia vivida con KAIKU-BI GAUA urdina.

3 Comentarios

  1. Erika
    | Responder

    Zer aurkikuntza ederra, amarenak! tengo pendiente una ruta para catar txakoli de la zona 😛 me apunto Gaintza e iré con mi kaiku!! felicidades a LACØRTE films por la inmortalización del momento, dan ganas de escaparse ahora mismo 🙂

    • Amarenak
      | Responder

      Gracias Erika! No he dicho, pero en Gaintza te puedes quedar hasta a dormir! Saluda a Joseba de nuestra parte 😉 Ondo ibili!!

  2. Maritoni
    | Responder

    Sitio precioso, rico txakoli y visita guiada muy interesante de la mano de Joseba.

Dejar un comentario